Porque te empeñas en dolerme tanto
descorriendo la venda de mi llaga
y al decidir que soy de sueño, haga
que se despierte en desperezo un llanto.
Mi corazón que cursa mientras tanto,
sabor lejano de suspiro y vaga,
atravesó la vena de la zaga
y buscó su fusión en el amianto.
Tienes los labios que sabiendo callan,
tienes el don que al descubrir abriga,
en el tesón que pones en la herida.
Y muero, amor, donde tus dedos hallan
con una blanca hondura que castiga
el corazón de la razón mordida.
EVA RUIZ
Son preciosos estos versos, Eva.
ResponderSuprimirUn beso grande,
Pablo
Gracias Pablo.
ResponderSuprimirUn abrazo.